lunes, 5 de abril de 2010

¿Déjenme sano o déjenos sanos?

En Colombia está ocurriendo un fenómeno poco común desde hace un par de años: ha aparecido un grupo que reivindica los derechos individuales y que hace ruido. Se trata de la llamada Dosis de personalidad, una “red de colombianos que defiende las libertades individuales”, y que se ha manifestado ya en varias ocasiones de manera pública. El grupo ha tomado como caso emblemático de su lucha, una oposición abierta a la criminalización del consumo de drogas, al punto a que su slogan “Déjenme sano” ha surgido como su canto de batalla en contra de las aspiraciones del estado (y en particular de la actual administración) de tratar a los consumidores de drogas como enfermos y criminales.

Antes que nada, lo primero que tengo que decir es que la iniciativa es muy valiosa, tan sólo por el simple hecho de que alguien se levante (¡por fin!) para defender las libertades individuales, en un país donde son cada vez menos populares. Pero además, el hecho de que lo que se defienda una cosa tan satanizada como el consumo de drogas, en una sociedad tan conservadora como la colombiana, es sin lugar a dudas valiente y notable desde todo punto de vista. También me gusta el estilo del grupo, su propuesta participativa, al igual que su uso de medios como Internet y los videos en Youtube. Es por ello que quisiera ofrecer una crítica constructiva al mismo.

La idea de esta crítica surgió de una discusión que tuve con una amiga sobre el grupo y el tema de la legalización de las drogas. Me decía mi amiga (partidaria de la legalización de las drogas), que lo que le preocupaba del mensaje que estaba enviando la “Dosis de personalidad”, era que se trataba de uno contradictorio. Lo que se estaba proponiendo en muchos de los vídeos que ha montado el colectivo en Youtube, según ella, no era otra cosa que la reivindicación para que pudieran “fumarse su bareto” y nada más. Ese mensaje es contradictorio, porque reconoce el derecho de los consumidores al mismo tiempo que no se dice nada sobre la venta de drogas. Es decir, el mensaje que se está enviando es que si bien es ilegal vender drogas, debe ser legal consumirlas ¿Pero como puede haber consumo sin venta (tráfico), se preguntaba mi amiga? Esto, según ella, además envía otro mensaje que es perverso, porque invita a violar una norma (la prohibición de comerciar con drogas); en últimas es otra invitación a pasarse por encima las normas en general según la conveniencia personal, problema generalizado en el país (como habrán adivinado, mi amiga es partidaria de Antanas Mockus).

Esta discusión con mi amiga tiene dos ramificaciones. La primera, bastante compleja, es la discusión sobre hasta que punto se deben obedecer leyes que se consideran injustas. Yo creo que violar la norma que prohíbe el consumo de drogas es violar una norma injusta y por ende creo que es una acción completamente legítima. Pero también reconozco que cualquier sociedad que aspire a funcionar (incluida una anarquista) debe cultivar un respeto por la norma, respeto que en un país como Colombia es muy bajo. Sin embargo, no es esta primera ramificación la que quisiera discutir en esta entrada, en tanto la discusión da para divagaciones bastante complicadas.

La segunda ramificación de esta discusión, que es la que me interesa tratar, es el enfoque que maneja “Dosis de personalidad”, y que creo está reflejado en su lema “déjenme sano”. Como lo decía mi amiga, a veces parece que el mensaje es “déjenme fumarme mi bareto tranquilo” y nada más. Por ello mismo no hay una preocupación por buscar la legalización integral de las drogas, sólo por el derecho a consumirlas. Un ejemplo de esto, según mi amiga, es la famosa sentencia de mediados de los años noventa (de autoría de Carlos Gaviria) que legalizaba el consumo de la dosis mínima, y que conllevaba a la ya mencionada contradicción de descriminalizar el consumo pero mantener la prohibición de la venta; esa sentencia es el modelo que parecen defender los miembros de la “Dosis de personalidad”.




El problema es que un esquema que se quede con sólo descriminalizar la prohibición al consumo, es que se siguen manteniendo las consecuencias nefastas de la “guerra contra las drogas”, que van mucho más allá de que a mi “no me dejen fumarme mi bareto”. Así, me explicaba mi amiga, cuando los consumidores (amparados en su derecho a consumir la dosis mínima), compran un bareto o un gramo de coca, siguen financiando una mafia y en buena media la violencia en Colombia (dado que los paramilitares y la guerrilla se alimentan del dinero de la droga).

Se puede discutir que la causa última de lo anterior no radica en el acto de comprar drogas, aún sabiendo que el dinero va a la mafia que maneja el negocio, sino a la misma guerra contra las drogas que es la que crea la mafia. De hecho, es lo que yo pienso. Pero creo que mi amiga tiene un punto en que la lógica de una descriminalización parcial (donde se legaliza una parte de la cadena, el consumo) sigue manteniendo el esquema nefasto de la guerra contra las drogas intacto con sus consecuencias, y hace que los consumidores sigan siendo parte del problema (y por ende, blancos políticos fáciles, ya que se les culpa de “financiar a la mafia”, cosa que han explotado bastante los uribistas en su discurso). Por ello creo que la descriminalización parcial del consumo es válida sólo si piensa tácticamente como un logro en la dirección correcta, no como el status quo que hay que mantener, como si fuera la situación ideal.

En últimas, el problema de la lógica de “déjenme sano”, es que es parte de un liberalismo que correctamente defiende los derechos individuales, pero piensa la cuestión desde un atomismo social ingenuo. La monstruosidad de la guerra contra las drogas no consiste únicamente en el hecho de que no nos permitan "fumarnos un bareto en paz", sino que el Estado se ha otorgado un poder inadmisible sobre los cuerpos y las decisiones de los individuos que cultivan y comercian drogas, no sólo de los que las consumen. Y la violación de esos derechos individuales de todos estos grupos de personas, se traduce en consecuencias mucho más graves que la restricción de las libertades individuales de los consumidores, ya que terminan creando un efecto perverso en todo el entramado social que no es otro que la mafia.

Por todo lo anterior me atrevería a sugerir que el lema no debería ser “déjenme sano”, sino “déjenos sanos”. En esta versión en plural me refiero a que hay que dejar sanos a los campesinos que cultivan las plantas de las que salen las drogas, los que la procesan en laboratorios y los que las vayan a vender, por muy políticamente incorrecto e impopular que suene la idea (valga la aclaración, no se trata de “dejar sanos” a los actuales mafiosos, sino aquellas personas que en un futuro comerciarían la droga dentro de un marco de leyes establecidas que regulen su venta y donde no se recurra a la violencia para mantener los nichos del mercado). La defensa de los derechos individuales es, como lo entiende un liberalismo de corte más aristotélico, una cuestión más integral de lo que está dispuesto a admitir el liberalismo más “moderno”.

10 comentarios:

Javier Moreno dijo...

Mi problema con "déjeme sano" es que lo que dicen los finos consumidores ocasionales de marihuana y pepas en los videos reivindicativos es exactamente lo mismo (casi) que lo que diría un consumidor hardcore de basuco completamente vuelto mierda que vive debajo de un puente en Bogotá pero todavía no se ha dado cuenta de lo que le pasó: "déjeme sano, estoy perfecto, mire: no me tiembla nada, yo lo sé controlar, yo puedo parar cuando quiera..." En últimas el discurso no es que permitan consumir drogas, ni siquiera, sino que los dejen consumir a ellos, que por algún motivo (probablemente disponibilidad financiera y casta) pueden consumir sin volverse despojos sociales. El problema, claro, es que a primera vista es difícil distinguir cuáles se van a quedar en el consumo ocasional y cuáles, al cabo de dos años, van a estar diciendo lo mismo desde la callecita de atrás de la oficina de reclutamiento del ejército. El problema, en últimas, es que ellos creen que hay buenos consumidores (ellos) y malos consumidores (los que los atracan por un bareto) y que los buenos consumidores no deben sufrir la misma estigmatización que los malos. Francamente, me parece una aproximación muy ingenua a un problema de salud pública terriblemente complicado.

Tomás Díaz Salamanca dijo...

Es muy certera su crítica, y comparto muchos de los puntos. No obstante habría que mirar varias cosas con más atención: i) El 'déjenme sano' que se presentó como el lema de ponerse 'en pie de rumba' en el evento del 26 de marzo (que es para el que se sacó el eslogan) no se refería específicamente a los que consumimos alguna sustancia psicoactiva. Era una frase que intentaba cobijar a todos los que hacían uso de su libertad individual (LGBT, objetores, pro-aborto, entre otros). ii) El otro punto interesante de la crítica es si lo que nosotros buscamos es simplemente que se nos acomode dentro del Estado actual o si estamos mirando más allá y estamos buscando una reivindicación del consumo con una próxima legalización. La respuesta es la segunda. Pienso que el movimiento está encaminado no a 'luchar' para que nos dejen fumar un bareto en un parque, es una lucha política que se da en aras de buscar un cambio en las políticas de drogas actuales. En esa lucha (en ese frente específico de legalización) Dosis de Personalidad no está trabajando solo, hay toda una red de organizaciones que se apoyan mutuamente. Por ejemplo, le invito a visitar la página de uno de los grupos que participó del evento 'Dosis de Personalidad 2010', se llama Estudiantes por una Política de Drogas Sensata (http://ssdp.org). iii) Finalmente, creo que la distinción linguística entre el plural y singular resulta un tanto irrelevante en aras de que el esologan no era exclusivo de los consumidores (y creo que esa era la base para proponer el cambio). No obstante, muy chéveres sus comentarios, y el hecho de que la gente comience a escribir y discutir sobre la plataforma de Dosis de Personalidad, es ya una señal de que estamos caminando en la dirección correcta. Saludos.

Maldoror dijo...

Javier:

Pero exactamente la misma distinción entre "malos" y "buenos" consumidores se puede establecer con cualquier otra adicción, lo cual no es una razón para prohibir la substancia u objeto de la misma.

Tomás:

Gracias por los comentarios y por los otros enlaces. Estaré poniéndole cuidado.

Daniel Pacheco dijo...

Sergio,

Su comentario sobre la contradicción entre defender libertades individuales (descriminalización del consumo) y pasar por encima de los problemas colectivos que esas libertades conllevan (guerra contra las drogas), ha sido una constante en nuestras discusiones. Le quiero contar cómo hemos intentado zanjar el problema.

En un principio Dosis de Personalidad pensaba asumir la causa de promover una legalización de las drogas y mostrar los fracasos de la lucha contra las drogas. Sin embargo, nos vimos yéndonos hacia un lugar que nos alejaba de las demás libertades individuales, que en términos teóricos, estaban al mismo nivel que el consumo de drogas: aborto, derechos LGBT, objeción de conciencia, eutanasia.

En últimas, creo que la tensión está entre libertades individuales y derechos colectivos. Dosis de Personalidad decidió enfocarse en los primeros y asociarse a organizaciones que trabajaban en los segundo. De ahí que estemos impulsando el crecimiento de Estudiantes Por una Política de Drogas Sensata.

Javier Moreno dijo...

Sergio dice: "Pero exactamente la misma distinción entre "malos" y "buenos" consumidores se puede establecer con cualquier otra adicción, lo cual no es una razón para prohibir la substancia u objeto de la misma."

Precisamente por eso no me gusta el eslogan de la campaña, porque se basa en establecer esa distinción falsa entre unos y otros. Me parece que de cierta manera niega la existencia del problema de salud pública implícito. Lo vuelve un asunto menor. Siempre y cuando los muchachitos de buena familia colombianos puedan seguirse fumando su marihuanita de cuando en cuando todo está bien. A mí esos muchachos que salen en esos videos me importan un soberano rábano. Me preocupan, en cambio, todos los adictos descastados que viven en la calle y que no tienen mayor apoyo de la sociedad para salir de esa situación, sólo castigo y desprecio porque no son "sanos".

Valga la pena agregar que el resto de las cosas que propone Dosis de Personalidad, como promover una política de drogas sensata enfocada en generar consumo responsable, me parecen buenísimas.

Tomás Díaz Salamanca dijo...

Javier,
si le gustan las otras propuestas de Dosis de Personalidad, entonces no entiendo sus críticas al 'Déjenme Sano', o al menos creo que están mal planteadas.

Partiendo de la premisa de que el 'Déjenme sano' se pensó para todas las manifestaciones de derechos indidividuales que me mencionó Pacheco, creo que quedaría claro el hecho de que no es solo de consumidores de SPA. Por otro lado, aun y si fuera únicamente sobre el consumo de SPA, si usted detalla la plataforma de Dosis de Personalidad a este respecto, dará cuenta que nosotros tenemos perfectamente claro que el abuso de SPAs (legales o ilegales) es un problema de salud pública y no un problema de criminalizaciñón.

Resalto mi desagrado al leer "Siempre y cuando los muchachitos de buena familia colombianos puedan seguirse fumando su marihuanita de cuando en cuando todo está bien.". La lucha de Dosis de Personalidad no es lucha por baretearse en un parque, es una manifestación pro libertades individuales. Creo que ese punto hay que dejarlo en claro para que el debate sea hablado en el mismo idioma.

Accion Tecnica Social dijo...

Son interesantes los comentarios que sin lugar a dudas alimentan la idea de continuar en nuestra lucha, a lo que me permitirìa agregar. Asociar el tema de narcotrafico con consumo es importante pero se desvanece en el circulo de quien fue primero y quien tiene la culpa, por lo tanto consumimos porque aquellos que han invertido millones de dòlares en acabar con la producciòn han fracaso, osea siendo muy mediocre no es culpa mia, por tanto ya que fracasaron en ese tema por el que tanto recursos se restringen en losocial, exigo una oferta clara en prevenciòn y reducciòn de riesgos en consumo de sustancias o por lo menos no tener la culpa por su fracaso.

Es como negarse que no ha existido sociedad en la historia de la humanidad que no experimentara con sustancia psicoactivas los estados alterados de conciencia. Por otro lado hay sutilezas en los conceptos que no entrarìa a profundizar pero que en el discurso tienen profundas consecuecias como por ejemplo legalizar, regularizar y prohibir son cosas distintas o por ejemplo la diferencia entre droga y sustancias psicoactivas legales, ilegales o legales de uso indevido. Una cosa es un consumidor de drogas y otra cosa es un usuario recreativo de SPA y marcar la distancia entre usuario experimental, recreativo, habitual, compulsivo, problemàtico y dependiente (fisico o psicològico) no sólo da claridad sino que marca los distintos niveles para abordar el fenòmeno. De paso no lo dudo despejarìa muchas de sus dudas.

En cuanto a la legislación nos encontramos entre "la incertidumbre juridica y la incapacidad de respuesta" por que considero que violar una norma que desde el principio tiene vicios de forma, fondo y filososfía, no es ser delincuente, sino simplemente coherente con normas màximas, por ejemplo una cosa es prohibir y otra cosa es penalizar, o la norma dice que se considera enfermo al consumidor pero no hay un sistema de salud preparado para atenderlo, esto sin contar "El pànico de la mediocridad mediàtica" en el que caen los tombos y los ususarios que no saben que una reforma constitucional sin reglamentaciòn es lo mismo que nada, osea nada ha pasado pero los primeros detienen y los segundos se dejan detener.

El usuario de SPA como actor social y politico implica la desestigmatizaciòn de esta conducta y por lo tanto la busqueda de un consumo regulado, justificado y responsable. Perderle el miedo a las SPAs ilegales como ha ocurrido con las legales (Cafe, Alcohol, etc) es avanzar hacia un escenario con menos daños y comnsecuencias.

Eso de financiar el terrorismo o el narcotrafico o la tala de bosques cuando me fumo un porro o me echo un pase, es una discurso vacìo montado por aquellos que han fracasado en su lucha y ahora quieren descargar la culpa en los usuarios, es simplemente hacerle el juego a la mediocridad del regimen, es sencillamente perder el tiempo y desviarme de lo que verdadera mente me interesa, que es la busqueda del placer con el uso de las sutancias psicoactivas con unas condiciones de salud pùblicas minimas y donde no afecte mi vida individual, familiar y social.

NO ES MAS!!!

Gabriel Chaves dijo...

El trafico no es necesario si la gente pudiera sembrar su propia hierba. Y con el clima colombiano eso no tiene problema. Igualmente pasa en USA con otras mezclas como el Crystal Meth que la mezclan caseramente. A mi me gusta el guarapo hecho en casa aunque el ministerio de salud me encanaria si tratara de vender esa vaina (quien sabe que porqueria ha crecido en una sopa de cascaras de piNa y azucar pudriendose dos semanas). Propongo entonces que se promueva el HAZLO TU MISMO de los placeres prohibidos. Y seria del putas que mis amigos pudieran inhalarse su pegantico en el parque mientras yo me dedico a jugar con mis muNecos de Rambo sin que me joda nadie. Tambien hay que convencer a DoNa Florinda que no nos pinche los balones porque el que rompe vidrio paga solo.

jpenarredonda dijo...

Yo no veo por qué el "déjenme sano" implica detenerse sólo en el problema del consumo. Tampoco veo cómo señala implícitamente una distinción fascista entre consumidores "sanos" y "no sanos". Y los argumentos que han ofrecido para hacer esos

Yo creo que hay dos razones por las que "déjenme sano" es un buen eslogan. 1: Apunta a un conjunto de amenazas reales, venidas de sectores conservadores, a las libertades individuales. 2: Es llamativo. Es un buen 'punch line', diría un libretista.

Sobre el asunto de fondo: creo que hay dos problemas diferentes. Uno es el de la legalización de la droga y otro el de la defensa de las libertades individuales. Aunque se tocan tangencialmente, no son el mismo problema. Creo que "déjenme sano" ataca bien el segundo problema y da un paso para atacar el primero. Lo hace porque interpela al sentimiento de disfrute de las libertades que los conservadores tanto detestan. Y porque, de todos modos, las consecuencias negativas del negocio de las drogas no pueden solo ser responsabilidad de los consumidores.

De hecho, que los de "déjenme sano" que pidan la legalización de la droga podría ser un arma del doble filo: la libertad de consumir drogas (y ninguna libertad) puede sacrificarse por ser costosa. Tal vez al Estado le resulte muy caro imponer un sistema de educación de calidad que elimine de los contenidos los valores católicos y los reemplace por principios civiles. Puede que eso cause agitación social y hasta problemas políticos y diplomáticos. Pero no es excusa. Las libertades deben ser más importantes.

Stephen dijo...

Cordial saludo, aprovecho la ocasión para reconocer su compromiso con la información a favor de gestionar un mundo mejor. Sin más preámbulos les informo de los acontecimientos más importes que hoy por hoy son materia informativa en Colombia; las elecciones presidenciales, una época en donde las maquinarias políticas tradicionales y partidistas enfilan su arsenal de promesas para conseguir llegar al poder y continuar con la agonía de los colombianos. Sin embargo un suceso sin presentes en la historia política y de la democracia de nuestro país ha permitido entrar a la contienda electoral a un Movimiento significativo de ciudadanos que no hace vislumbrar una esperanza para la verdadera transformación de Colombia. El Movimiento bautizado La Voz de la Consciencia inicio su gestión con la participación de 1.200 voluntarios, personas del común que se cansaron de las injusticias a las que han estado sometidos gobierno tras gobierno, colombianos y colombianas que pagan servicios públicos, impuestos, alimentación, la educación de sus hijos, una seguridad social inservible, que no aguantaron más el flajeo de la violencia, la falsedad de los falsos positivos y la desigualdad y que decidieron hacer algo por cambiar esta dura realidad. Eligieron de entre ellos mismos un líder proclamado por el entorno político como no conocido, y en tan sólo 4 meses lograron reunir más de un millón de firmas para inscribir legalmente su candidatura, invirtiendo para esta gestión una cifra minúscula en comparación de las multimillonarias sumas de dinero con las que financian los politiqueros sus campañas. A pesar de que el candidato de la Voz ha tenido que enfrentar la indiferencia y la censura de los medios de comunicación, que le han cerrado sus puertas y lo han sumido en el anonimato y el de nulo apoyo económico por parte del estado, se ha mantenido firme llevando su propuesta de gobierno a través de una interesante campaña en internet y del trabajo cientos de voluntario que invirtiendo recursos y tiempo están difundiendo voz a voz su mensaje de consciencia. Entre sus propuestas de gobierno que más llaman la atención se destaca la descentralización del gobierno, bajo el argumento que la problemática de toda Colombia no la puede solucionar un solo hombre, haciendo una invitación a que cada uno de los colombianos seamos autogestores de un país mejor. También propone acabar con los bancos y hacer cooperativas y economía solidaria empoderando la gente de los barrios y comunidades. Es indispensable informar a las personas sobre este acontecimiento social que puede ser el inicio de un cambio a favor de Colombia. Permitámosle a más colombianos conocer esta propuesta a través de la página http://www.lavozdelaconsiciencia.org y el canal oficial de la Vos de la conciencia en Youtube
http://www.youtube.com/watch?v=jk501LwQ5aQ&feature=related.