jueves, 17 de septiembre de 2009

Otra vez el Palacio de Justicia

Una vez más la discusión sobre los hechos acaecidos en la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 están en el ojo del huracán de la discusión pública del país. “Nuevas revelaciones”, que en verdad no son otra cosa que la fiscalía diciendo lo que ya se sabía desde hace 24 años, estremecen a la sociedad colombiana.

Lo que es sorprendente (o más bien no es sorprendente, conociendo este país) es que los mismos cínicos y defensores del estado colombiano y en particular de su ejército, han salido a repetir como loros una cantidad de falacias con las que se quiere desacreditar el proceso. Estos “razonamientos” no serían preocupantes si no fueran tan aceptados entre amplios sectores de la población colombiana. Son las consecuencias que dicha aceptación implica, lo que es más diciente de la tragedia de aquel 6 de noviembre de 1985. Es decir, como evento histórico, la toma del Palacio de Justicia es significativa no simplemente por lo que pasó ese día: lo es por la manera en que es interpretada por buena parte de las elites y de la población colombiana hasta la fecha.

Me gustaría comentar en esta entrada algunas de estas falacias o argumentos de dudosa factura, y de lo increíble que alguien medianamente razonable pueda siquiera darles algún crédito:



1.El proceso es parte de una gran conspiración de la justicia, manejada por la izquierda, para “vengarse de los militares” y del estado colombiano. Este argumento es increíblemente común entre varios sectores de la derecha. Lo repiten fanáticos que escriben en blogs, fanáticos que escriben en medios convencionales como Fernando Londoño, e incluso sectores moderados del uribismo, como lo mostró ayer Nicolás Uribe en el programa radial “Hora 20”. El problema de ese argumento es que no invalida los hechos. Es muy difícil negar a estas alturas del paseo, por ejemplo, que el ejército desapareció a personas inocentes de la cafetería (que simplemente no pudieron ser asesinadas por los guerrilleros del M-19, ya muertos para el momento en que habrían salido de Palacio), o que estuvo involucrado directamente en el asesinato de al menos uno de los magistrados que había logrado salir vivo de Palacio y cuyo cuerpo fue encontrado luego dentro del edificio en ruinas.

Pero, además, la acusación perfectamente se puede invertir: se puede decir que los sectores de la derecha, como los anteriormente mencionados, están decididos a obstaculizar de cualquier manera el proceso, con tal de que los militares que asesinaban y torturaban personas (y que ese día lo hicieron descaradamente en la plaza central de la capital del país), sigan libres, ya que llevaban a cabo estos actos en nombre de combatir a un movimiento insurgente de izquierda.Y esta afirmación es tanto o más convincente que las teorías de conspiración que maneja la derecha.

2.No es justo que mientras los militares son juzgados, los miembros del M-19 que organizaron la toma hagan las veces de sus acusadores, gozando de total impunidad. Aquí se parte de una premisa que en parte es legítima y es que todos los responsables de los hechos deben ser juzgados, y no sólo los de un bando. Es decir, miembros del M-19 también deberían ser juzgados por estos hechos, no sólo los militares. Sin embargo, detrás de este razonamiento válido, se esconde una gran falacia y es que TODOS los miembros del M-19 son responsables de la toma del Palacio de Justicia, por el simple hecho de haber pertenecido al grupo guerrillero. El caso de Petro es ilustrativo. Los apologistas de los militares (e incluso algunos de los familiares de las víctimas) no se cansan de atacar al senador del Polo por no haber hecho un acto de contrición los suficientemente significativo (para su gusto) por los hechos de aquel día, o simplemente de denunciarlo porque carece de autoridad moral para hablar dichos hechos, pues supuestamente él también es “responsable” de lo que pasó ese día por el simple hecho de haber pertenecido al M-19. Poco importa el hecho de que Petro fuera un cuadro medio del M-19 en la época, que llevara (si mal no recuerdo) un mes en la cárcel y que es poco probable (por no decir que hasta ahora no sólo no se ha probado, sino que no hay ni una gota de evidencia) de que el hombre hubiese planeado, consentido o siquiera conocido los planes del M-19 con respecto al Palacio de Justicia. Bajo esa lógica tan absurda, habría que juzgar a TODAS las personas que en 1985 eran miembros de las fuerzas militares de Colombia, por las atrocidades que un grupo de militares y sus superiores en la cadena de mando cometieron ese día, por el simple hecho de pertenecer a la misma organización que las llevó a cabo.



3.El proceso contra Plazas Vega prescribió, ergo es un “atropello” jurídico. Este argumento, tan típicamente leguleyo, me parece que es inaceptable desde dos puntos distintos de vista. Primero, la idea de que crímenes de lesa humanidad prescriban, es dudosa a nivel jurídico. Sin embargo, no siendo abogado y no conociendo los intríngulis de la cuestión, admito que en eso puedo estar equivocado. Si ese es el caso, creo que sigue siendo un argumento inválido, porque parte de una premisa inaceptable, y es que un principio de legalidad deba estar por encima de la justicia (o peor aún, que se confunda con la justicia misma), en un asunto que toca derechos fundamentales como la vida y la integridad de las personas. Es decir, que los delitos de lesa humanidad no pueden prescribir simplemente porque una legislación lo dictamine así. De la misma manera no sería legítimo decir que los derechos humanos no apliquen de manera universal, sólo porque haya legislaciones particulares en diversos países o comunidades que los restrinjan o simplemente no los reconozcan.

Además, las mismas personas que piden que el proceso contra los militares se acabe por prescripción, son las que exigen que los ex miembros del M-19 también sean juzgados. Esto a pesar de que la prescripción de los delitos que ellos proponen, también debería cobijar a los guerrilleros, quienes además cuentan con un indulto expedido tras un proceso de paz.

4.Existe una equivalencia entre los hechos cometidos por los militares y los guerrilleros del M-19. Lo anterior, más que un argumento, parece ser un supuesto muy común entre los críticos del proceso y apologistas de los militares. Esta consideración suena más cierta cuando uno piensa que en efecto quién inició toda la debacle de aquel día fue el M-19, tomándose el palacio, secuestrando y amenazando las vidas de las personas que estaban dentro de él para llevar a cabo sus fines.

En este punto toca preguntarse dos cosas: 1. ¿Qué hicieron tanto M-19 y los militares ese día? 2. ¿Cuáles eran sus intenciones? Si vamos a medir a ambos grupos por sus acciones, la gente del M-19 es culpable de secuestrar y amenazar las vidas de las personas dentro del palacio. También es culpable del asesinato de vigilantes dentro del palacio y muy seguramente de la muerte de algunos magistrados. Por su parte el ejército es culpable de secuestro de personas (como los empleados de la cafetería), muy probablemente de tortura y de asesinato a sangre fría, tanto de empleados como de magistrados. Es decir, las acciones del M-19 y del ejército ese día fueron más bien similares.

Pero si es por las intenciones, me parece claro que hay una diferencia importante entre ambos. El M-19 no entró con el fin de asesinar a los magistrados, mucho menos de desaparecerlos; a menos que se quiera creer que el M-19 estaba conformado por una partida de fanáticos suicidas, resulta difícil pensar que hayan entrado a Palacio con el fin de asesinar a los rehenes (la única salvaguarda que tenían para salir vivos del mismo), mucho menos de incinerar el edificio entero con ellos adentro. No pareciera ser ese el caso de los militares, quienes utilizaron medios (atacar el edificio con rockets y lanzallamas, no detener en ningún instante el combate a pesar de que eso ponía en riesgo la vida de los rehenes) para la retoma que claramente no podían tener otra intención que destruir todo dentro de este indistintamente; guerrilleros, empleados y magistrados. Podría justificarse esto último diciendo que fue el “fragor” del combate y la “ira” de los militares ante el golpe que acababan de recibir, lo que los llevó a actuar de esa manera. Pero esa explicación, a parte de ser un atenuante francamente ridículo, tampoco explica por qué el ejército, a sangre fría haya secuestrado y asesinado a empleados y al menos un magistrado. Es decir, no puede explicar las acciones ocurridas POR FUERA del palacio y del contexto inmediato de los hechos que ocurrieron en él.

Se podría decir que las acciones del ejército deberían llevar a cuestionar sus motivos. Mucho se ha hablado de que detrás de la toma del Palacio estuvo la mano del narcotráfico, supuestamente por el pago que el M-19 habría recibido de Pablo Escobar para destruir documentos en los que se aprobaba la extradición contra varios narcotraficantes de la época. Pero la actuación del ejército debería al menos a llevar a cuestionarnos si ellos no estaban también en ese negocio. El incendio del palacio, el uso de rockets y lanzallamas, la absoluta falta de consideración por las vidas de los magistrados, el hecho de que la inteligencia militar conociera el plan de la guerrilla y permitiera que se llevara a cabo sin mayores tropiezos… ¿Cómo es posible que nadie siquiera se plantee la posibilidad de que generales y políticos no estaban a sueldo del narcotráfico para que se llevara a cabo la toma? ¿No era muy conveniente para matar dos pájaros de un tiro, eliminando los archivos y de paso culpando al M-19? ¿O es que para aquel entonces el narcotráfico no había ya cooptado buena parte de la política y de los estamentos del poder –como el ejército- en Colombia?.

5. Los militares actuaron como lo hicieron PORQUE el M-19 se tomó el Palacio. Si el M-19 no se hubiera tomado el palacio nano habrían tenido que actuar como lo hicieron. Este argumento parte de una confusión muy común, y es pensar que la sucesión de eventos en el tiempo, equivale a la necesidad misma de su ocurrencia. Decir que si los sucesos se dieron en el orden A luego B, no equivale a decir que A llevó necesariamente a B. Si por ejemplo alguien me hace una broma inocente y yo respondo agarrando a golpes no sólo al bromista sino a terceros inocentes, no quiere decir que esa fuera la única posible respuesta de mi parte, ni mucho menos que fuera aceptable. Que el M-19 se tomara al palacio, acción reprobable sin lugar a dudas, no implica que la reacción de los militares de entrar a sangre y fuego, era una reacción necesaria (en el sentido lógico de la expresión) y mucho menos justificable.

En conclusión, el trágico legado del Palacio de Justicia, es que más de dos décadas de lo que ocurrió, no sólo no se ha hecho claridad sobre los hechos, no sólo no se ha hecho justicia, sino que el recuerdo y los juicios que se hacen en este país y su memoria colectiva, son francamente vergonzosos y denotan una perversión sobre la manera en que la ética y la justicia son concebidas en el país. El coronel Plazas Vega se hizo tristemente celebre por explicarle al país que su trabajo en la retoma era “defender la democracia maestro”; esa interpretación sigue intacta en las modernas elaboraciones de un Fernando Londoño y cuenta, desafortunadamente, con gran apoyo popular.