jueves, 18 de diciembre de 2008

Conque por ahí era la cosa...

Recuerdo que cuando se instauró el sistema de “planilla única” para pagar pensiones y salud, la primera cosa que se me ocurrió era que se trataba de un “serrucho” para que las tres o cuatro empresas que manejaban el sistema cobraran sus ganancias, una vez más del dinero del contribuyente. Era la forma perfecta de robo, con el amparo estatal, mientras que se prestaba un pésimo servicio (al menos inicialmente). Después la cosa se estabilizó, y hacer el pago se hizo más sencillo. Sin embargo la trampa iba por otro lado.

Sucede que el antiguo sistema, uno pagaba salud y pensiones de manera separada. Cuando uno no tenía empleo, pues uno no sólo pagaba salud ¿Por qué cotizar en meses en los que uno no estaba trabajando para un pensión, que seamos honestos, es muy poco probable que veamos? Pero ahora con la planilla asistida hay que pagar todo, de un solo tajo, con un solo recibo: una cantidad preestablecida que suma salud y pensión. Estando desempleado, y deseando ahorrarme un dinero que en verdad necesito, llamé a la empresa por la cual hago el pago de la planilla asistida a preguntar como hacía para pagar sólo lo de salud. La empleada del call center respondió que sólo podía dejar de pagar pensión si era mayor de 55 años o si no tenía los medios económicos para hacerlo. El problema es que ni soy mayor de 55 años y con mis magros ahorros apenas si tengo la capacidad de pagar por la pensión, pero a expensas de quedarme casi sin dinero más que para sobrevivir. Cuando traté de explicarle a la señorita lo anterior y que me encontraba sin empleo, y que no tenía porque pagar un mes en el cual no iba a trabajar, ella simplemente me respondió con voz robotizada, una y otra vez, las dos únicas condiciones en que estaba exento del pago.

No queriendo ni imaginarme los trámites que implicaría demostrar que “no tenía los medios económicos para hacerlo”, colgué.

Así que el truco era asegurarse que todos los fieles esclavos y servidores del estado, y sus asociados privados pagáramos nuestra cuota de “pensiones” al sector financiero, tan limpio y tan inmaculado que tiene este país (por no decir este mundo). Siendo así las cosas, reconozco lo tentador que resulta tener una religión y poder creer, así sea tan solo por un momento, que los políticos, banqueros, tecnócratas y economistas que crearon y defienden este engendro de seguridad social híbrida, semi privada que tenemos en Colombia, arderán por los siglos de los siglos en las llamas infierno. En verdad quisiera creerlo, porque en esta vida pasarán impunes los desgraciados.