miércoles, 3 de septiembre de 2008

La batalla perdida

“A little courage for our convictions, please”, escribía mi amigo Charles Johnson en su blog hace unos días, en respuesta a este artículo que intentaba defender al candidato demócrata Barack Obama de las “injustas acusaciones” que le hacía un grupo que se hacía llamar “The Real Truth about Obama”. Las supuestas “acusaciones” presentadas contra el candidato demócrata eran las siguientes: que quería un sistema universal de salud en el que entre otras, se pagara con el dinero del contribuyente los abortos; que Obama se oponía a una ley que permitía a menores abortar sin tener que notificar a sus padres; que Obama nombraría jueces más liberales para la suprema corte y que Obama propondría repeler una ley que prohíbe los “partial birth abortions” (honestamente no sé como traducir la expresión) ¡Diabólico Obama!

El problema, señalaba Johnson, es que todas esas acusaciones, al contrario de lo que pretendía el artículo, eran ciertas. No eran un truco sucio de la derecha para presentar un Obama falseado a la opinión. Y más importante aún, muchas de las cosas de las que “acusaban” a Obama, no eran cosas por las cuales el candidato o sus votantes deberían sentirse incómodos o avergonzados. Por el contrario, eran coherentes con un candidato que se hacía llamar “liberal” y con lo que supone, es el ideario político que debería defender. Por eso su pedido a los “defensores de Obama” al final de su entrada, pidiéndoles un poco de convicción en sus creencias….

Me parece que esta anécdota electoral ilustra muy bien lo que quisiera señalar en esta entrada: la derecha norteamericana, aún desgastada como está hoy tras ocho años de George Bush, aún con un Mccain que no termina de convencer a su base evangélica ultra conservadora, aún sin haber logrado terminar de socavar completamente el sistema de libertades públicas y de balances entre los poderes (a pesar de sus mejores esfuerzos), esa derecha que parece al borde del colapso, de dejar la casa blanca y el congreso en manos demócratas (aunque no se confíen por favor), esa derecha ya a obtenido una gran victoria. No es una victoria política, sino una victoria cultural: ha transformado los términos del debate público, entre lo que es y no es aceptable decir.

El aborto, que se ilustra con el ejemplo citado, es sólo uno de esos casos. En temas como la seguridad y la religión la batalla está perdida. El Obama que condenó la guerra de Iraq, ahora habla de plazos para salir del país; se llena la boca prometiendo de mano dura con Irán, mientras amenaza a Venezuela con el otro puño, tratando de sonar lo más guerrerista posible para convencer a la gente de que es un candidato “viable” en política exterior. Eso sí, ni una palabra sobre las violaciones sistemáticas de los derechos civiles, ni de la erosión de las libertades individuales en nombre de la “guerra contra el terrorismo”. Con respecto a la religión, no deja de repetir en su discurso lo bueno que supuestamente es mezclar la religión con los asuntos públicos, sin ninguna consideración positiva a la separación entre Iglesia y Estado (prometiendo dejar vivas cosas tan abominables como las “faith based intiatives” de la actual administración).

¿Cómo llegamos a esto? Sería necio aburrirlos con una disertación sobre la “conservatización” de la sociedad gringa desde Nixon hasta Bush Jr, pasando por Reagan y el “Contrato por América” de Newt Gringich en los noventa. Pero entre los muchos aspectos de ese proceso real, tangible (de esa re-barbarización de la sociedad), sin lugar a dudas un elemento resalta por encima de los otros: la definición de lo que es culturalmente aceptable en una sociedad.

Desde la época de Reagan, en que la palabra “liberal” se convirtió en un termino derogatorio, pasando por la época Clinton en que cualquier idea de seguridad social se convirtió casi en un comunismo disfrazado, y los sindicatos en el epitome de la ineficiencia y la forma de evitar trabajar, hasta la actual administración que ha convertido el fanatismo religioso conservador en una fuerza moral pública “respetable”, la derecha ha obtenido una victoria innegable en la esfera cultural norteamericana. Por eso mismo los supuestos “progresistas”, casi sin darse cuenta, se avergüenzan de cosas, que en otro momento y en otras sociedades, serían perfectamente aceptables y que además deberían ser la expresión natural de sus convicciones.

¿Y que se nos ha dado para reemplazarlo? Palabrería hueca: “Hope”, dice Obama, con su discurso de Kennedy reencauchado, para venderse él y su proyecto político, como eso, como una reencarnación joven y refrescante de lo que alguna vez fue el único presidente católico de América. Pero a la hora del té, no es más que “progresismo” vergonzante, sin nada real que proponer, excepto la charada mediática que lo envuelve y la retórica de un orador eficaz. Mientras tanto, la izquierda de verdad tendrá que buscar una forma de reversar la marea cultural puesta en su contra, y seguramente no encontrará esa solución en un decadente partido demócrata

3 comentarios:

Lanark dijo...

Absoluta y totalmente cierto. Parte de esa manía de fracasar que tiene el partido demócrata, y que mencionaba Michael Moore, es haberse dejado llevar por el juego de los republicanos, que moldearon impunemente a la izquierda según la imagen que tenían de ellos. No lo tenían difícil, claro, con ese montón de predicadores delirantes que vierten volquetadas de mierda cristiana sobre millones de feligreses todos los domingos en la iglesia y todos los días en los medios. Y el gringo promedio, claro, termina tragándose todo. Así sea demócrata: el principal problema es que muchos demócratas también se creen el credo republicano, según el cual ellos son en el fondo unos maricas negros estalinistas inproductivos satanistas.

Siempre que pienso en la política de Estados Unidos, y en cómo ese país trata a sus contados ciudadanos razonables, termino recordándome a mi mismo de dónde salió ese país: Un montón de fanáticos religiosos (puritanos, cuáqueros, etc.) sin sentido del humor que fueron expulsados del Reino Unido porque nadie se los aguantaba. Si, si, yo se que lo último es mentira, y que las razones de que se hayan ido son más complejas que eso. Pero así me imagino mis tiras cómicas del inicio de esa gloriosa nación. Lo que hicieron con los indios, por más que les hayan invitado pavo, me confirma que eran unos fanáticos religiosos sin sentido del humor y con un gusto por la violencia.

Pero el contraste con el Reino Unido es impresionante: aunque mientras los gringos tenían a Reagan acá tenían a la Thatcher, y en general se amangualen para cualquier gaminada geopolítica, la política interna es diferente del cielo a la tierra. Acá jamás acusarían a alguien de progresista como si serlo fuera un crimen. Los atentados contra las libertades individuales, aunque a veces los imponen exitosamente, siempre enfrentan la oposición de la opinión pública, excepto cuando logran meterles miedo por las malas, como en el caso del terrorismo y los inmigrantes (que no les darían miedo si para ellos no fueran una sóla cosa).

Pero no todo es culpa de la estupidez intrínseca del país del redneck. Entre la flojera ideológica de muchos liberales que quieren definirse simplemente por oposición de los godos, y el miedo a darle la espalda a una idea prefabricada del "pueblo", las izquierdas de muchos sitios se han convertido en una caricatura de sí mismas, preocupados todos por el lenguaje políticamente correcto y todas esas maricadas para evitar el esfuerzo de ser realmente coherentes más allá de la forma. Y claro, los posmodernos de ligas menores confundiendo a todo el mundo con sus balbuceos sobre el lenguaje: seguro que esos también tienen responsabilidad ahí.

Carlos dijo...

Creo que esto sirve para entender porque Reagan llegò a la presidencia

Carlos dijo...

este es el link