martes, 23 de septiembre de 2008

Cuestión de confort

Usualmente a los ateos se nos ha acusado de nihilistas, de personas entregadas al desespero porque el mundo de Dios es un mundo sin sentido (desde luego, la idea de Dios tiene que tener sentido y es la única de proporcionárselo al mundo...). Ahora resulta, según el teólogo neoconservador Michael Novak, que no, que los ateos somos los que tenemos una creencia confortable, que son los creyentes los que sufren por el sinsentido que el mal y la muerte arrojan sobre el mundo.

Muy bien, me parece excelente, y confortable.

Lo único que resta pedirle a los creyentes es que se pongan de acuerdo sobre que estereotipo nos van a imponer. El del nihilista, que siente que en ausencia del gran perro guardián del universo, los ateos pensamos nada tiene sentido y por ello caemos en el despero existencial, o el del fresco que encuentra consuelo en el sinsentido del mundo y se regocija en él. Es un poco unconfortable no saber como comportarse cuando hay expectativas tan encontradas sobre lo que se espera de una....

miércoles, 3 de septiembre de 2008

La batalla perdida

“A little courage for our convictions, please”, escribía mi amigo Charles Johnson en su blog hace unos días, en respuesta a este artículo que intentaba defender al candidato demócrata Barack Obama de las “injustas acusaciones” que le hacía un grupo que se hacía llamar “The Real Truth about Obama”. Las supuestas “acusaciones” presentadas contra el candidato demócrata eran las siguientes: que quería un sistema universal de salud en el que entre otras, se pagara con el dinero del contribuyente los abortos; que Obama se oponía a una ley que permitía a menores abortar sin tener que notificar a sus padres; que Obama nombraría jueces más liberales para la suprema corte y que Obama propondría repeler una ley que prohíbe los “partial birth abortions” (honestamente no sé como traducir la expresión) ¡Diabólico Obama!

El problema, señalaba Johnson, es que todas esas acusaciones, al contrario de lo que pretendía el artículo, eran ciertas. No eran un truco sucio de la derecha para presentar un Obama falseado a la opinión. Y más importante aún, muchas de las cosas de las que “acusaban” a Obama, no eran cosas por las cuales el candidato o sus votantes deberían sentirse incómodos o avergonzados. Por el contrario, eran coherentes con un candidato que se hacía llamar “liberal” y con lo que supone, es el ideario político que debería defender. Por eso su pedido a los “defensores de Obama” al final de su entrada, pidiéndoles un poco de convicción en sus creencias….

Me parece que esta anécdota electoral ilustra muy bien lo que quisiera señalar en esta entrada: la derecha norteamericana, aún desgastada como está hoy tras ocho años de George Bush, aún con un Mccain que no termina de convencer a su base evangélica ultra conservadora, aún sin haber logrado terminar de socavar completamente el sistema de libertades públicas y de balances entre los poderes (a pesar de sus mejores esfuerzos), esa derecha que parece al borde del colapso, de dejar la casa blanca y el congreso en manos demócratas (aunque no se confíen por favor), esa derecha ya a obtenido una gran victoria. No es una victoria política, sino una victoria cultural: ha transformado los términos del debate público, entre lo que es y no es aceptable decir.

El aborto, que se ilustra con el ejemplo citado, es sólo uno de esos casos. En temas como la seguridad y la religión la batalla está perdida. El Obama que condenó la guerra de Iraq, ahora habla de plazos para salir del país; se llena la boca prometiendo de mano dura con Irán, mientras amenaza a Venezuela con el otro puño, tratando de sonar lo más guerrerista posible para convencer a la gente de que es un candidato “viable” en política exterior. Eso sí, ni una palabra sobre las violaciones sistemáticas de los derechos civiles, ni de la erosión de las libertades individuales en nombre de la “guerra contra el terrorismo”. Con respecto a la religión, no deja de repetir en su discurso lo bueno que supuestamente es mezclar la religión con los asuntos públicos, sin ninguna consideración positiva a la separación entre Iglesia y Estado (prometiendo dejar vivas cosas tan abominables como las “faith based intiatives” de la actual administración).

¿Cómo llegamos a esto? Sería necio aburrirlos con una disertación sobre la “conservatización” de la sociedad gringa desde Nixon hasta Bush Jr, pasando por Reagan y el “Contrato por América” de Newt Gringich en los noventa. Pero entre los muchos aspectos de ese proceso real, tangible (de esa re-barbarización de la sociedad), sin lugar a dudas un elemento resalta por encima de los otros: la definición de lo que es culturalmente aceptable en una sociedad.

Desde la época de Reagan, en que la palabra “liberal” se convirtió en un termino derogatorio, pasando por la época Clinton en que cualquier idea de seguridad social se convirtió casi en un comunismo disfrazado, y los sindicatos en el epitome de la ineficiencia y la forma de evitar trabajar, hasta la actual administración que ha convertido el fanatismo religioso conservador en una fuerza moral pública “respetable”, la derecha ha obtenido una victoria innegable en la esfera cultural norteamericana. Por eso mismo los supuestos “progresistas”, casi sin darse cuenta, se avergüenzan de cosas, que en otro momento y en otras sociedades, serían perfectamente aceptables y que además deberían ser la expresión natural de sus convicciones.

¿Y que se nos ha dado para reemplazarlo? Palabrería hueca: “Hope”, dice Obama, con su discurso de Kennedy reencauchado, para venderse él y su proyecto político, como eso, como una reencarnación joven y refrescante de lo que alguna vez fue el único presidente católico de América. Pero a la hora del té, no es más que “progresismo” vergonzante, sin nada real que proponer, excepto la charada mediática que lo envuelve y la retórica de un orador eficaz. Mientras tanto, la izquierda de verdad tendrá que buscar una forma de reversar la marea cultural puesta en su contra, y seguramente no encontrará esa solución en un decadente partido demócrata