miércoles, 6 de febrero de 2008

Colombia no soy yo (observaciones sobre la concentración en Barcelona)

(Esta columna fue publicada en Equinoxio. Dirigirse allá para los comentarios, que no estaran habilitados para esta entrada en el blog)

Antes de la marcha, tuve esta discusión con Alejandro Gaviria en su blog. Argumentaba Gaviria, basándose en Orwell (ese san benito de la derecha, que lo citan ad nauseum para atacar a la izquierda, porque Orwell era un izquierdista él mismo y eso le da más autoridad al argumento supuestamente), que el Polo Democrático cometía un error político y táctico por no sumarse a la marcha de “1 millón de voces contra las FARC”. Que despreciaba, como lo hizo la izquierda por tanto tiempo, la idea del nacionalismo de clase media y de la unidad.

Ahora me pregunto ¿Por qué tendríamos que terminar hablando de esas cosas sobre una marcha que fue convocada contra el secuestro y contra las FARC? ¿Una marcha a la que le imputamos sus contradictores, el de estar viciada a favor de los intereses inmediatos de este gobierno? ¿Qué tiene que ver el nacionalismo con todo esto (lo de unidad pase, al fin y al cabo era supuestamente de unidad en contra de las FARC)?

La verdad no sé porque no me pregunté esto en el momento de la discusión. Pero creo que Alejandro Gaviria le apuntaba a la razón de ser real de esta marcha (no sé si sabiéndolo o no). Esta no era una marcha contra las FARC, ni a favor de Uribe (del político como tal), ni en contra de Chávez o de Piedad Córdoba. Era, antes que cualquier otra cosa, una marcha nacionalista. En pro del nuevo proyecto de nación colombiana.

Desde que llegué a la plaza San Jaime, lugar convocado para la manifestación en Barcelona, pude sentirlo. Muchos con la camiseta oficial, blanca, de “Colombia soy yo”, pero también mucho colombiano con el “sombrero volteado”, pintado en la cara con la tricolor (como si fuera partido de “mi selección”), o con ponchos con la bandera. Una vez convocada la gente (yo calculo unas mil personas, pero no confíen en mi “ojímetro”), se inicia el acto oficialmente, con música. Y es diciente, porque lo que suena es esta canción de Juanes, La Tierra….Ama la tierra en que naciste
amala es una y nada más
....Que por mérito debería ser el himno nacional (porque es tan vulgar y patriotera como ese himno caduco de Rafael Núñez, que sonó también un par de veces en la concentración).

Y como lo dije anteriormente, poco se habló de Chávez o de Piedad Córdoba o incluso, de la guerra o la solución militar. Por ello podrán sacar pecho los organizadores, en tanto la marcha no estuvo peculiarmente politizada (aunque, y que me confirme Javier, creo que hubo un momento en que alguien intento usar los micrófonos habilitados en la tarima para pedir el intercambio humanitario, y lo cortaron tan pronto pudieron).

Se pidió a coro “No mas FARC”, estribillo que sonó una buena cantidad de veces en la hora y pico que duró la concentración. Pero el mensaje que me quedó a mi de la marcha fue otro, y lo resumió uno de los oradores, quién (no lo cito verbatim, pero casi) pidió considerar la Colombia “que queríamos”, en virtud de “lo que no queríamos”, refiriéndose obviamente las FARC. Otro incluso sugirió que en un acto casi que místico, que “cerráramos los ojos y visualizáramos” como sería esa Colombia “que todos queremos”.

Pensé desde luego, que quizás el tono nacionalista debía deberse a que era una manifestación hecha por colombianos fuera de su país, con una añoranza por su tierra y un desarraigo apenas natural. Pero leo en el blog de Apelaez (no precisamente alguien con quién coincida ideológicamente) observaciones similares de la marcha en Bogotá:

Entre ese punto (alrededor de la 22) y la Jiménez, el patriotismo era más palpable. Mucho abanderado batiendo el pabellón nacional como si de eso dependiera su vida y más Oh glorias inmarcesibles. El fervor patrio también venia acompañado del rechazo a Chavez: que se callé, que terrorista, que Go Home, que le van a coser la jeta con alambre de puas. Otros patriotas mostraron su rechazo a las FARC diciéndoles que se fueran "de nuestra patria". (Aquí el rol del enemigo en torno al cual nos unificamos lo cumple también Chávez. Los subrayados son míos).

¿Cúal es este nacionalismo por el que la gente a salido a marchar? Bueno, ya ríos de tinta y de bytes han corrido, y no valdría la pena explayarse en eso. Pero en una versión resumida, es la idea de que todos los males de Colombia son imputables a uno o dos factores o a una generalización extendida: FARC-Secuestros-Terrorismo-Narcotráfico. Y que una vez erradiquemos esos pocos males –por los métodos que sean-, Colombia, el país de las tres cordilleras, de las mujeres más hermosas, de los paisajes más espectaculares, de la gente trabajadora y echada pa´lante, se convertirá en un paraíso sobre la tierra. No es ni siquiera algo nuevo, como algunos ya lo han observado, pero ha tomado una expresión mediática y moderna desde hace más de una década. Y más importante, se ha hecho popular, MUY popular.

Por último, no es este el espacio para especular como se construyó este discurso, y como se extendió y se convirtió en hegemónico a nivel social. Historiadores, antropólogos (y quizás críticos literarios) en un futuro –espero no muy lejano- llevarán a cabo ese análisis (si no lo están haciendo ya).

Pero el hecho, y este es el punto final que quisiera hacer, es que Uribe lo ha aprovechado magistralmente, dándole un cause muy específico (eso si, con la ayuda de los medios desde luego). En cierto modo, esta convergencia cultural de un discurso nacionalista, coincide con el esfuerzo real del uribismo de extender la presencia estatal (militar, obviamente) a cada rincón del país: presencia de policía y de soldados en cada municipio del país, eliminando cualquier “competencia” (sea aniquilando a la guerrilla militarmente, sea negociando con unos compañeros de tolda que amenazaban con salirse de control, como los paramilitares). Control total de la patria, para los patriotas colombianos.

El historiador Jaime Jaramillo Uribe señalaba que el proyecto de la “Regeneración” encontró en el centralismo y el catolicismo, los referentes y pilares que asentaron el estado nación en Colombia. Sin embargo ese Estado existía más como un referente de unidad, sobre el papel, pero no siempre sobre el terreno o en la práxis. Sospecho que la presidencia de Uribe será vista a futuro como una especie de refundación nacional, sobre un nacionalismo de capas media alta y alta; una refundación donde ya no sólo tendremos una nación, sino un Estado consolidado con el control militar absoluto del territorio.

Y al igual que el proyecto de la “Regeneración”, este será una consolidación nacional llevada a cabo sobre fuertes cimientos conservadores y de derecha. Sobre un montón de injusticias históricas, de dobles estándares, intereses de clase, etc…Y es por eso mismo me ratifico en no haber sido parte de esta marcha, pero ya por razones algo distintas - aunque no del todo- a las que esgrimí inicialmente. Esos intereses, esos dobles estándares, esas injusticias históricas que se quieren legitimar con el discurso nacionalista del que se ha apropiado el uribismo, esa Colombia, esa Colombia no soy yo.

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