domingo, 24 de febrero de 2008

El sentido "lógico" de Ruddy

Escribe Rudolf Hommes lo siguiente en su columna del universal, comentando sobre marcha del 6v de marzo:

Parece que los organizadores de la marcha del 6 de marzo están empeñados en ahuyentar de ella a muchos de los colombianos que rechazan la violencia, que censuran el paramilitarismo y que quieren honrar a las víctimas de las masacres que los paramilitares llevaron a cabo para amedrentar a la población y para que abandonara sus tierras.

En algunos de estos casos los criminales estuvieron apoyados por miembros y comandantes de las fuerzas militares. En otros casos hubo participación directa de ellos en los crímenes. Pero los que patrocinan esta marcha de marzo quieren que sea una declaración pública de que las acciones de los paramilitares fueron conscientemente y deliberadamente auspiciadas por el Estado, no por individuos o grupos de individuos vinculados a este

Este discurso, que también es el de las Farc y de miembros recalcitrantes del Partido Comunista no busca promover una demostración masiva, multiclasista y pluralista en contra del paramilitarismo, como lo fue la de febrero contra las Farc. Lo que los organizadores parecen preferir es una manifestación radical contra el “sistema”, con pedrea a los almacenes de la Séptima, post-adolescentes embozados en pasamontañas y armados con papas explosivas, y orgía de consignas en la Plaza de Bolívar contra el terrorismo de Estado.
Parece que para el señor Hommes:

1- Señalar que el Estado cooperó por acción y omisión de manera sistemática con los paramilitares en la consecución de sus acciones criminales es un discurso falso porque coincide con el discurso de las FARC.

2- Que tener un discurso radical contra el Estado es equivalente a ser un "tira piedra" con intenciones de destruir almacenes y lanzar papas explosivas a diestra y siniestra, lo cual ahuyenta a la "burguesia liberal" de su posible participación en la marcha.

Básicamente el argumento de Hommes debate es una falacia por asociación. Yo puedo entender que Hommes no quiera marchar con los tira piedras y mamertos de la nacional (al fin y al cabo, esa fue la misma razón por la que no marché con nuestra clase media, media alta - o la "burguesía liberal según Hommes). Pero de ahí a pensar que por asociación todo aquel que participe en la marcha es un tira piedra de la nacional (por el simple hecho de rechazar el "sistema") o que el discurso de los marchantes - que el Estado colombiano participó sistemáticamente de los crimenes del paramilitarismo- sea falso sólo porque coincide con lo que dicen las FARC hay mucho, pero mucho trecho.

Sólo me aterra pensar que ese mismo "rigor" lógico era el que aplicaba cuando era ministro de hacienda.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Y sobre todo esto....

No sé porque está burla al discurso de "agricultura empresarial, de alta competitividad, de alta generación de empleo y empleo de buena calidad" de Alvaro Uribe Velez, hecha en el programa humorístico QUAC de los años 90, me parece tan pertinente a la luz de toda la discusión que se ha armado con respecto a la entrega de tierras en el Meta a desplazados (no está demás la primera parte burlandose de los militares....¡buenas épocas aquellas!)

martes, 12 de febrero de 2008

"Una belleza de negocio"

Respecto a la anterior entrada del blog, y lo que Alejandro Pelaez pregunta en la sección de comentarios y escribe en su blog, remito la columna de Pedro Medellín de hoy en El Tiempo, que creo, es bastante diciente. Aquí lo más significativo, desde mi punto de vista, de dicha columna:

Con esta decisión, el Gobierno colombiano está enviando una pésima señal al país y a la comunidad internacional. Primero, confirma el escaso interés que tiene en entregar tierras a los desplazados por la violencia, sin importar que la ley los declare como prioridad, debido a su circunstancia de debilidad, vulnerabilidad e indefensión.

Y segundo, vuelve a poner a los palmeros en el complejo escenario de sus relaciones con el paramilitarismo, que ha marcado la historia reciente de entregas irregulares de tierras y los desplazamientos de población asociados a la expansión de los agrocombustibles, que ha publicado EL TIEMPO (edición del 26 de mayo de 2007), Semana (ediciones de abril y mayo de 2007), y fueron anticipadas por la Resolución No. 39 emitida por el Defensor del Pueblo en junio de 2005.

El Gobierno está en todo su derecho de apostar por el desarrollo de un sector de la economía, como lo ha hecho con los palmeros.
Los ha beneficiado con una renta exenta por un término de 10 años al aprovechamiento de los cultivos sembrados entre 2003 y 2013; con una deducción del impuesto a la renta del 40% del valor de las inversiones realizadas en activos fijos reales productivos adquiridos; una deducción del 10% de la renta líquida del contribuyente a la inversión nueva realizada en reforestación, y la exclusión del IVA del biocombustible de origen vegetal o animal para uso de motores diésel de producción nacional con destino a la mezcla con Acpm. Eso sin contar con las facilidades crediticias, de cofinanciación y apoyo institucional que le ha concedido en sus seis años de gobierno.

Lo que resulta discutible es que el Gobierno persista en impulsar ese sector, a costa de las víctimas de la violencia, como ocurre con el predio Carimagua o con la decisión de desjudicializar el trámite de pertenencias y rebajar los términos de las prescripciones adquisitivas de dominio de tierras, que hace la Ley 1152 de 2007 que dicta el Estatuto de Desarrollo Rural y reforma el Incoder. Es la ley que, leída con el Plan de Desarrollo, crea el mundo feliz: legaliza las tierras obtenidas por la vía de los hechos, financia los proyectos que se vayan a desarrollar en ese predio y confiere ventajas tributarias por hacerlo.
Como dicen los gringos: "´nuff said"

jueves, 7 de febrero de 2008

Tecnocracia paramilitar

Resulta que nuestro ministro de agricultura ha decidido que tierras que el INCODER debía dar a familias campesinas víctimas del conflicto, están mejor en manos de empresas privadas. Curiosamente, esas empresas privadas están ligadas al negocio de la palmicultura, negocio promovido y privilegiado por el neoliberal estado colombiano.Los argumentos del sucesor designado del príncipe Uribe son:

- Los predios son insuficientes para tantas familias

- Los predios no tienen infraestructura

- Que en manos de empresas privadas generarán más beneficios para que se puedan adquirir otras tierras para desplazados.

El primero es manifiestamente falso si uno cree las cifras del número de hectáreas y las divide por el número de familias, aún contando las hectáreas dejadas para reforestación.

Respecto al segundo, desde luego el ministro no se ha tomado la molestia de leer sobre la historia de migraciones de este país, como para saber que los campesinos colombianos llevan más de un siglo colonizando tierras sin infraestructura y haciéndolas productivas (hasta que llegan terratenientes, paramilitares o "las fuerzas legitimas del estado" para sacarlos a bala de sus predios, con la excusa de que ellos si la harán "más productiva").

Por otro lado, uno le da risa pensar que eltercer argumento de "uribito" no es más que una excusa infame. Siempre que les nieguen tierras a los campesinos, podrán esgrimirlo y decir que con el dinero que se genere por su explotación de las empresas consentidas por el gobierno, ahí si podrán comprarles unas tierras que se les "adecuen".

Más allá de todo esto, podríamos pensar en que este es el clásico esquema de intervencionismo estatal, en el que "papa estado" les dice a los propietarios como deben producir, y con base a eso, cuestionan su legítimo derecho a la propiedad y a utilizarla según su propio interés. Sin embargo lo que sucede en Colombia no es sino una variación escalofriante del tema...digo, por el talante paramilitar de los tecnócratas y planificadores del Leviatán

miércoles, 6 de febrero de 2008

Colombia no soy yo (observaciones sobre la concentración en Barcelona)

(Esta columna fue publicada en Equinoxio. Dirigirse allá para los comentarios, que no estaran habilitados para esta entrada en el blog)

Antes de la marcha, tuve esta discusión con Alejandro Gaviria en su blog. Argumentaba Gaviria, basándose en Orwell (ese san benito de la derecha, que lo citan ad nauseum para atacar a la izquierda, porque Orwell era un izquierdista él mismo y eso le da más autoridad al argumento supuestamente), que el Polo Democrático cometía un error político y táctico por no sumarse a la marcha de “1 millón de voces contra las FARC”. Que despreciaba, como lo hizo la izquierda por tanto tiempo, la idea del nacionalismo de clase media y de la unidad.

Ahora me pregunto ¿Por qué tendríamos que terminar hablando de esas cosas sobre una marcha que fue convocada contra el secuestro y contra las FARC? ¿Una marcha a la que le imputamos sus contradictores, el de estar viciada a favor de los intereses inmediatos de este gobierno? ¿Qué tiene que ver el nacionalismo con todo esto (lo de unidad pase, al fin y al cabo era supuestamente de unidad en contra de las FARC)?

La verdad no sé porque no me pregunté esto en el momento de la discusión. Pero creo que Alejandro Gaviria le apuntaba a la razón de ser real de esta marcha (no sé si sabiéndolo o no). Esta no era una marcha contra las FARC, ni a favor de Uribe (del político como tal), ni en contra de Chávez o de Piedad Córdoba. Era, antes que cualquier otra cosa, una marcha nacionalista. En pro del nuevo proyecto de nación colombiana.

Desde que llegué a la plaza San Jaime, lugar convocado para la manifestación en Barcelona, pude sentirlo. Muchos con la camiseta oficial, blanca, de “Colombia soy yo”, pero también mucho colombiano con el “sombrero volteado”, pintado en la cara con la tricolor (como si fuera partido de “mi selección”), o con ponchos con la bandera. Una vez convocada la gente (yo calculo unas mil personas, pero no confíen en mi “ojímetro”), se inicia el acto oficialmente, con música. Y es diciente, porque lo que suena es esta canción de Juanes, La Tierra….Ama la tierra en que naciste
amala es una y nada más
....Que por mérito debería ser el himno nacional (porque es tan vulgar y patriotera como ese himno caduco de Rafael Núñez, que sonó también un par de veces en la concentración).

Y como lo dije anteriormente, poco se habló de Chávez o de Piedad Córdoba o incluso, de la guerra o la solución militar. Por ello podrán sacar pecho los organizadores, en tanto la marcha no estuvo peculiarmente politizada (aunque, y que me confirme Javier, creo que hubo un momento en que alguien intento usar los micrófonos habilitados en la tarima para pedir el intercambio humanitario, y lo cortaron tan pronto pudieron).

Se pidió a coro “No mas FARC”, estribillo que sonó una buena cantidad de veces en la hora y pico que duró la concentración. Pero el mensaje que me quedó a mi de la marcha fue otro, y lo resumió uno de los oradores, quién (no lo cito verbatim, pero casi) pidió considerar la Colombia “que queríamos”, en virtud de “lo que no queríamos”, refiriéndose obviamente las FARC. Otro incluso sugirió que en un acto casi que místico, que “cerráramos los ojos y visualizáramos” como sería esa Colombia “que todos queremos”.

Pensé desde luego, que quizás el tono nacionalista debía deberse a que era una manifestación hecha por colombianos fuera de su país, con una añoranza por su tierra y un desarraigo apenas natural. Pero leo en el blog de Apelaez (no precisamente alguien con quién coincida ideológicamente) observaciones similares de la marcha en Bogotá:

Entre ese punto (alrededor de la 22) y la Jiménez, el patriotismo era más palpable. Mucho abanderado batiendo el pabellón nacional como si de eso dependiera su vida y más Oh glorias inmarcesibles. El fervor patrio también venia acompañado del rechazo a Chavez: que se callé, que terrorista, que Go Home, que le van a coser la jeta con alambre de puas. Otros patriotas mostraron su rechazo a las FARC diciéndoles que se fueran "de nuestra patria". (Aquí el rol del enemigo en torno al cual nos unificamos lo cumple también Chávez. Los subrayados son míos).

¿Cúal es este nacionalismo por el que la gente a salido a marchar? Bueno, ya ríos de tinta y de bytes han corrido, y no valdría la pena explayarse en eso. Pero en una versión resumida, es la idea de que todos los males de Colombia son imputables a uno o dos factores o a una generalización extendida: FARC-Secuestros-Terrorismo-Narcotráfico. Y que una vez erradiquemos esos pocos males –por los métodos que sean-, Colombia, el país de las tres cordilleras, de las mujeres más hermosas, de los paisajes más espectaculares, de la gente trabajadora y echada pa´lante, se convertirá en un paraíso sobre la tierra. No es ni siquiera algo nuevo, como algunos ya lo han observado, pero ha tomado una expresión mediática y moderna desde hace más de una década. Y más importante, se ha hecho popular, MUY popular.

Por último, no es este el espacio para especular como se construyó este discurso, y como se extendió y se convirtió en hegemónico a nivel social. Historiadores, antropólogos (y quizás críticos literarios) en un futuro –espero no muy lejano- llevarán a cabo ese análisis (si no lo están haciendo ya).

Pero el hecho, y este es el punto final que quisiera hacer, es que Uribe lo ha aprovechado magistralmente, dándole un cause muy específico (eso si, con la ayuda de los medios desde luego). En cierto modo, esta convergencia cultural de un discurso nacionalista, coincide con el esfuerzo real del uribismo de extender la presencia estatal (militar, obviamente) a cada rincón del país: presencia de policía y de soldados en cada municipio del país, eliminando cualquier “competencia” (sea aniquilando a la guerrilla militarmente, sea negociando con unos compañeros de tolda que amenazaban con salirse de control, como los paramilitares). Control total de la patria, para los patriotas colombianos.

El historiador Jaime Jaramillo Uribe señalaba que el proyecto de la “Regeneración” encontró en el centralismo y el catolicismo, los referentes y pilares que asentaron el estado nación en Colombia. Sin embargo ese Estado existía más como un referente de unidad, sobre el papel, pero no siempre sobre el terreno o en la práxis. Sospecho que la presidencia de Uribe será vista a futuro como una especie de refundación nacional, sobre un nacionalismo de capas media alta y alta; una refundación donde ya no sólo tendremos una nación, sino un Estado consolidado con el control militar absoluto del territorio.

Y al igual que el proyecto de la “Regeneración”, este será una consolidación nacional llevada a cabo sobre fuertes cimientos conservadores y de derecha. Sobre un montón de injusticias históricas, de dobles estándares, intereses de clase, etc…Y es por eso mismo me ratifico en no haber sido parte de esta marcha, pero ya por razones algo distintas - aunque no del todo- a las que esgrimí inicialmente. Esos intereses, esos dobles estándares, esas injusticias históricas que se quieren legitimar con el discurso nacionalista del que se ha apropiado el uribismo, esa Colombia, esa Colombia no soy yo.