sábado, 8 de diciembre de 2007

Cuando la historia no sirve para nada

Definitivamente hay cosas en que apelar a argumentos históricos no sirve para absolutamente nada. Tomemos como ejemplo el debate en los Estados Unidos entorno a los derechos de los homsexuales - para casarse específicamente - que se ha visto avivado por una serie de argumentos históricos en torno a la cualidad legal del matrimonio. Una reciente columna en el New York Times de la historiadora Stephanie Cootnz al respecto, inicia con una pregunta y responde a otra: “WHY do people — gay or straight — need the state’s permission to marry?” para luego proceder a llenarnos de ejemplos históricos de como el matrimonio era una actividad libre de la interferencia estatal hasta entrada la edad moderna. El artículo suscitó la respuesta de los conservadores, en voz está vez Michael Fragoso – un estudioso del medioevo de Princeton-, en el que trata de negar la veracidad histórica de los puntos de Cootnz.

Tras de llegar a la dudosa conclusión de que entre más estaba relacionado el matrimonio con el estado, “más libertad tenían los hombres y las mujeres”, y de racionalizaciones repugnantes sobre la naturaleza de las restricciones estatales sobre los matrimonios (“para proteger a las mujeres de los bigamos desvergonzados….”), Fragoso, al igual que Cootnz, no nos responden la pregunta inicial “¿Por qué se necesita permiso del estado para casarse?”. Decir que las restricciones estatales al matrimonio no existían o existían a lo largo de la historia, no prueba absolutamente nada. Es como preguntarse por la validez de la institución de la esclavitud, y luego tratar de dirimir la cuestión analizando si los Estados han permitido a lo largo de la historia la existencia de esta (además adivinen que posición terminaría ganando….). La variación utilitarista que Fargoso trata de introducir en su argumento, “para proteger las mujeres…” “para ampliar nuestros derechos" [restringiéndolos], es sospechosamente hipócrita para un conservador que muy seguramente cree en una teoría deontológica o absolutista de la moral y los derechos; además, como todo buen utilitarismo, es incoherente. En el peor de los casos, si Fargoso tuviera razón, nos estaría diciendo que en efecto el Estado ha controlado, mayoritariamente en la historia, la vida de las personas con respecto a su derecho a casarse y escoger pareja. Lo que no nos ha dicho es que justifica éticamente dicha interferencia….

5 comentarios:

MariaPaulaLG dijo...

La gente se sigue casando... ...la gente le gustan esos "rituales", y, por ultimo la gente quiere depender del estado, y deberian
dejarlos seguro, pero habria que hacerle tambien unas preguntas a esta gente que se casa: ¿por que no ha aprendido que el matrimonio es una farsa? y bueno,¿Por que esa necesidad de casarse? ¿Acaso no han aprendido un poco de historia? Creo que esa parte seria mas interesante,(muyyyyyyyyyyyyy interesante, soy una señora interesaaante) porque tambien es una cuestion de etica.

Si, la historias no sirve para nada, (agradezo al dios griego del amor eterno y del destino matrimonial porque finalmente eres capaz de decirlo aunque sé que no te lo crees) pero eso no solo lo indican estos conservadores sino tambien la pendejada de esta gente que se casa, que evidentemene tampoco han aprendido mucho, ni de historia, ni de cómo cambiar el mundo.

Maria Paula www.mariapaulal.wordpress.com

juglar del zipa dijo...

en realidad "la historia" solo sirve, cuando es el caso, para demostrar que las cosas nunca han sido iguales, algo que suele ser usado como argumento.
es más una medida paliativa.

Carlos dijo...

Sergio: pero creo que el tono del articulo de Coontz es precisamente demostrar que NO se necesita la interferencia estatal o que al menos es algo inusual o "moderno" porque en el pasado existia poco. Es decir, en el pasado no la habia asi que no es algo que fuera tan necesario.

Cite tambien esa columna aquí


Yo si creo que la historia sirve mucho para :

-Entender el origen de problemas actuales o del orden actual (sea que se considere bueno o malo)

-Para no repetir errores

-Para demostrar como cambiamos en nuestras creencias, valores, instituciones,normas,códigos morales

-Para demostrar que muchas cosas son simplemente tradición por tradición o que al contrario: no siempre fueron así.

En fin. A mi me parece que la historia es importantisima. Si mas gente leyera historia no pasara tantas cosas malas en el nuestro mundo (guerras, tiranos, etc).


Saludos,
Carlos

Anónimo dijo...

Veo 2 preguntas:
1. El matrimonio monogamo -legalmente constituido o no- como eje o simbolo de una cultura. La pregunta es: por qué se cuestiona tan poco esta institucion? (es a donde apunta Ma Paula).
2. La pregunta por el nacimiento del derecho civil. Por qué una ley para casarse (siendo que es mas simple arrejuntarse)? Por qué una ley para enterrar a los muertos (siendo mas sencillo enterrarlos en el jardin)? Por qué una ley para juzgar al infractor (siendo mas simple darle una muenda)? Hacia alli, me parece, apuntaba la pregunta de Sergio.

No es propio de retrogrados entender que la regulacion social (ejercida por un ente constituido y legitimo, como es el Estado) es necesaria y se debe traducir en leyes para asegurar un nivel minimo de igualdad y convivencia.

La primera pregunta, me parece, da lugar a debates mas fructiferos.

o-lu

Maldoror dijo...

Un par de comentarios generales. Primero, el punto de la discusión es que ninguna digresión histórica puede resolver una cuestión de ética. Saber si el estado intervenía o no con respecto al matrimonio, no me dice si esa intervención era y ES moralmente aceptable. En ese sentido, Carlos, es que creo que la historia no sirve para este caso específico; nunca sugerí que no sirva para nada.

Ahora, respecto al segundo punto de O-Lu, yo no tengo problema con la existencia de la ley. Sin embargo creo que pretender definir legalmente que es la unión entre dos personas, llamando esa unión "matrimonio" y otorgandole privilegios a un tipo de unión -heterosexual, monogama- sobre todo el resto de posibles uniones, es injustificado, moralmente inaceptable, independientemente de las razones históricas por las que haya surgido dicha regulación.