martes, 12 de junio de 2007

El fracaso de la izquierda latinoamericana

Escribo esta columna con amargura. Amargura de ver como la izquierda latinoamericana va camino al fracaso en general. Empezando por la izquierda “democrática” de carácter “centrista” como la Lula y Bachelet; una izquierda que ciertamente tiene respeto por las instituciones y la democracia, pero que en el fondo funciona como una derecha moderada: es decir, fracasa como izquierda porque aunque no parece estar comprometida en una violación sistemática de las libertades de los ciudadanos, no hace nada para combatir los privilegios con que cuenta el establecimiento, en nombre de mantener “el crecimiento económico” “la confianza de los inversores extranjeros” “del sector privado” y toda esa retórica que nos han repetido hasta la saciedad y que conocemos tan bien. Pero ese fracaso no es nada comparado con el resto de la izquierda latinoamericana. Un fracaso que parece estar lejos de ser evidente, máxime cuando esa izquierda de corte más radical - la izquierda que encabezan Chávez, Evo, Kichner y ahora Correa - se encuentra en la “cresta de la ola”, en el cúlmen de su popularidad y de su poder.

¿Por qué anticipo su fracaso? ¿O más bien, por qué creo que fracasaran como izquierda? En parte, porque lo que hace la izquierda latinoamericana no es particularmente nuevo. Muchas de sus políticas ya fueron implementadas en el pasado por los llamados gobiernos “populistas” (un término que es quizás que refiere a una realidad política un poco más compleja que su uso como descalificativo pretende): nacionalizaciones, estatización de la economía, industrialización llevada de manera forzada por el Estado etc…Todo eso ya se ha hecho, y ha producido resultados que no pueden ser evaluados en una simple columna, pero ciertamente son resultados que no han dejado bien parado a Latinoamérica en cuestiones de carácter social, que es sin lugar a dudas, el área de mayor preocupación de la izquierda.

Pero peor aún, no sólo se repiten lo que se intentó en el pasado, sino que se reviven sus métodos. En efecto, mucho del llamado “populismo” fue llevado a cabo por medio autocráticos, usualmente implementado por gobiernos militares. No es casualidad que el símbolo de la izquierda en Latinoamérica sea, hoy por hoy, un antiguo coronel golpista, Hugo Chávez. La izquierda en Latinoamérica ha tenido por aliada a uno de sus principales enemigos históricos: el estamento castrense. Y no es sólo el hecho de que el ejército haya sido uno de los principales represores de la izquierda –en particular en la misma Latinoamérica- , sino por el significado simbólico de la institución militar: una organización extremadamente jerarquizada y autoritaria, puesta siempre al servicio del status quo. Es decir, todo a lo que la izquierda –digna de ser llamada así- debería oponerse.

El símbolo de este fracaso, de esos métodos fundamentalmente contradictorios por parte de la izquierda en relación a lo que debería ser su ideología ya lo estamos viendo: el atentado contra una libertad fundamental, como es la libertad de expresión.

Obviamente estoy hablando del cierre de RCTV en Venezuela. Quienes defienden el cierre del canal recurren a varios argumentos que son francamente incoherentes. Dicen que el cierre es simplemente el cumplimiento de la ley venezolana, en ejercicio del “legitimo derecho de Venezuela” para hacer cumplir las leyes de su país. Desde luego, cabe preguntarse, si existe algo así como un legítimo derecho de parte del Estado a prohibir que un medio de comunicación transmita por televisión; yo no creo que exista tal derecho, y no creo que el Estado tenga derecho a controlar el espectro electromagnético, ni en Venezuela ni en ninguna parte del mundo.




Pero dejemos esa discusión atrás, el punto real es que Chávez cerró el canal porque, básicamente, es un canal que le hace oposición política. Por ello mismo Chávez enfila baterías contra Globovisión y tiene planes de cerrar emisoras de radio, al igual que ampliar la cobertura y el número de medios controlados por el Estado.

Cuando esto se pone de manifiesto, los apologistas de Chávez recurren a otro argumento: RCTV es parte de los medios “burgueses” al servicio de “la oligarquía” dedicados a “desinformar a la población”. Ese argumento parte de una premisa que muy probablemente sea verdadera, pero que concluye erróneamente que la solución es la censura. En Colombia da repugnancia prender el televisor y encontrarse con dos canales de propaganda a favor de Uribe como lo son RCN y de, manera más disimulada, Caracol (ni hablemos de lo que debe sentir para un gringo ver Fox News). Pero la solución no es cerrarlos o ponerles una mordaza en la boca. La solución es que los sectores populares puedan construir medios auténticamente representativos por su propia mano; es decir, que construyan medios independientes: la independencia y la garantía de ser representativos son una cosa muy complicada cuando los medios están atados al Estado, y peor un Estado que como el que preside Chávez, tiene fuertes intereses en asegurarse su propia maquinaria de propaganda.

Lo más grave de esto es que el modelo chavista en relación a la libertad de prensa parece estar siendo emulado por el resto de gobiernos de izquierda de latinoamericana. Evo Morales, hablando como lo haría sólo un derechista consumado, se queja de que hay “libertinaje” en la prensa boliviana, aunque nos asegura que no piensa cerrar medios de comunicación. Kischner ya tenía problemas con la prensa desde hace tiempo, y Tabaré Vázquez parece seguir el mismo camino argentino. Finalmente, en Ecuador el señor Correa parece también estar enfrascado en su propia riña con los medios. Y lo peor de todo, es que todos estos gobiernos tienen un punto de referencia en Cuba, donde la idea de la libertad de expresión es inexistente.

Por ello insisto en que escribo esta columna con amargura; amargura porque la izquierda en Latinoamérica ha llegado al poder por razones que comparto plenamente y a través de expresiones populares más que legítimas. Verla traicionar lo que deberían ser sus propios ideales fundamentales, por la versión romantizada y autoritaria de la “revolución” – una visión que desafortunadamente tiene hondas raíces en la historia misma de la izquierda en el continente- me parece catastrófico. No sólo porque en un futuro eso legitimará a la derecha, sino porque será una oportunidad histórica desaprovechada; una oportunidad que quién sabe cuando vuelva a repetirse.

* Esta columna se encuentra en el portal de Equinoxio, donde si desean, podrán comentarla. Acá el enlace